28/3/11

ROBOS EN CAJEROS AUTOMÁTICOS

La policía de Essex, Reino Unido, ha emitido imágenes captadas por una cámara de seguridad, en el que puede apreciarse como operan los ladrones para sustraer a un cliente del banco un total de 350 libras, cuando realizaba una operación de disposición de efectivo en un cajero automático.  Las imágenes fueron captadas por la cámara de un cajero automático situado en la calle de una sucursal del banco Santander de la localidad.

Tanto el vídeo como las imágenes fijas captadas por la cámara han sido hechos público en la página web oficial de la Policía de Essex con dos objetivos, el primero hacer un llamamiento a posibles testigos y, en segundo lugar, para advertir a los usuarios de cajeros automáticos de cómo operan los ladrones y de las medidas que deben adoptar para no ser víctimas de tales robos.

La víctima fue abordada por dos hombres que se habían situado a ambos lados.  En el momento en el que el dinero estaba a punto de salir de la máquina, uno de ellos realizó una maniobra de distracción, para ello arrojó al suelo, junto al cliente, un billete de 10 libras y, a continuación, le avisa de que el billete se le había caído.  En el momento en el que la víctima se agacha para recoger el billete, un segundo individuo se acerca, coge el dinero expedido por la máquina y rápidamente ambos se marchan del lugar, cada uno en una dirección. Durante la operación un tercer miembro de la banda, se dirige a una mujer que se encontraba esperando para usar el cajero, a la que distrae durante unos segundos para que no se percate de lo que estaba ocurriendo.

La víctima, un hombre de 57 años de edad, de Loughton, no se dio cuenta que había sido víctima de una sustracción.  Retiró su tarjeta y, cuando observó que la máquina no le facilitaba la cantidad que había solicitado, pensó que simplemente se trataba de alguna avería del cajero.

Los hechos tuvieron lugar sobre las 13,50 horas del día 25 de agosto 2010, es decir, a una hora en la que la calle se encontraba bastante concurrido de gente.



La policía de Essex advertía que los autores de este tipo de robos actuan con mucha habilidad y rapidez, hasta el punto de que la víctima no llega a percatarse de nada hasta que comprueba en el banco la razón por la que el cajero no le expidió el dinero solicitado.

Además, la policía de Essex ofrece algunos consejos para evitar ser víctima de robos similares en cajeros automáticos, especialmente en aquellos situados en plena calle:
  • Antes de manipular la máquina cerciorarse que de no hay otras personas en las proximidades observando lo que hacemos.
  • Mientras estemos operando en el cajero prestar la máxima atención al cajero, sin caer en las posibles distracciones que puedan provocar las personas que pudieran encontrarse en las proximidades.
  • Cubrir siempre con la mano o con cualquier elemento el teclado del cajero en el momento de introducir nuestros datos (clave de acceso).
  • Si observamos a alguna persona cerca que pueda observar como introducimos nuestros datos, confiar en nuestros instintos y si no nos encontramos cómodos o si observamos algún tipo anomalía, lo mejor es suspender la transacción y marcharse del lugar.
  • Si alguien trata de llamar nuestra atención de alguna manera cuando estemos realizando la operación, lo mejor es no caer en el engaño e ignorarlos.
  • Prestar la máxima atención al cajero mientras recuperamos la tarjeta bancaria y retiramos el dinero.

26/3/11

NUEVA REVISTA DE EDUCACIÓN VIAL

La Srta. Prudencia nos enseña seguridad vial


El Ayuntamiento de Cartagena ha sido elegido para la presentación de una nueva revista de educación vial de tirada regional, que ofrece consejos a niños y mayores


 
Viernes 25 Marzo 2011 - AYUNTAMIENTO DE CARTAGENA
El Concejal de Seguridad Ciudadana, Javier Herrero, acompañado por el Inspector de la Policía Local, Manuel Asensio, han presentado hoy la nueva revista sobre educación vial 'La Srta. Prudencia', acompañados por la directora de la publicación, María del Carmen Casa.

El Ayuntamiento de Cartagena ha sido elegido para la presentación de la tirada regional de esta publicación, por su participación en las numerosas campañas y controles de la DGT (Dirección General de Tráfico), tanto en la vía pública con conductores y peatones, como en el Parque de Educación Vial, así como por su inversión constante en infraestructuras encaminadas a la mejora de la seguridad vial de nuestro municipio, tal y como ha señalado Javier Herrero en la presentación.

La nueva revista cuenta con un original personaje, la Srta. Prudencia, a quien dio imagen el dibujante Pedro Vidal y que nació de la idea de la cartagenera María del Carmen Casa con el propósito, según la directora de la revista, de ofrecer sus consejos sobre seguridad vial, tanto a mayores como a menores. A los menores, porque quiere llegar a los centros escolares a través de la educación en dicha materia y a los mayores, porque todos los meses les ofrecerá un consejo sobre educación vial, con el fin de recordar conceptos importantes y su aplicación diaria en la vía pública.

Del primer número de esta revista se han editado 300 ejemplares, número que se pretende ir aumentando, se publicará de forma trimestral, y se distribuirá en jefaturas de tráfico, Consejerías, hospitales y otros centros. Además, también se puede acceder a ella y a los consejos de la Señorita Prudencia, a través de la web www.srtaprudencia.es.

El inspector jefe de la Policía Local se ha mostrado satisfecho con la elección de Cartagena como lugar de la presentación de la revista y aseguraba que desde el Cuerpo al que representa, estamos muy sensibilizados con las víctimas que se producen en los accidentes de tráfico, sobre todo cuando se trata de personas mayores o de niños, como ayer mismo que se produjo un accidente con un menor atropellado. Para Asensio, es importante la prevención, la información y la formación a la hora de reducir estos accidentes.

Puede ver la revista en PDF directamente en este enlace: 
 
 

25/3/11

DELITOS CONTRA LA SEGURIDAD VIAL (ARTº 384 C.P.)

RESOLUCION DGT 3-3-2011 SOBRE LA INTERPRETACION DEL ARTICULO 384 DEL CP REFERENTE A DOS CASOS PRACTICOS
La Dirección Adjunta Operativa de la Agrupación de Tráfico de la Guardia civil presentó ante la Dirección General de Tráfico una consulta sobre algunos supuestos que pudieran encuadrarse como delito, recogido en el artículo 384 del Código Penal, o bien como infracción administrativa muy grave, tipificada en el artículo 65.5k) de la Ley de Seguridad Vial, a fin de acabar con las distintas interpretaciones que se habían encontrado en distintos subsectores de tráfico.  Los dos supuestos que habían provocado esa diversidad interpretativa eran los siguientes:

1) Conductor que ha perdido todos sus puntos por la comisión de distintas infracciones. Ya han transcurrido los seis meses necesarios para poder realizar el curso de reeducación y sensibilización vial, pero NO ha realizado dicho curso yes sorprendido conduciendo.

2) Conductor que ha sido privado judicialmente de su permiso de conducción por un plazo superior a dos años. Una vez finalizado dicho plazo, NO ha realizado el curso de reeducación ysensibilización vial yes sorprendido conduciendo.

La respuesta de la DGT del pasado 3 de marzo, la reproduzco por su interés a continuación:
En relación a su oficio de fecha 11 de febrero, en el que realiza una consulta sobre determinados supuestos que podrían ser constitutivos del delito previsto en el artículo 384 del Código Penal o de la infracción administrativa del artículo 65.5k) de la Ley de Seguridad Vial, se informa que la opinión de esta Dirección General coincide, en líneas generales, con la expresada en su oficio, es decir:

En el primer caso planteado, cuando se ha producido la pérdida de vigencia del permiso o licencia de conducción por agotamiento de los puntos asignados legalmente, siempre que se conduzca antes de haber obtenido de nuevo la Iautorización administrativa para conducir, se estará cometiendo el delito tipificado en Iel artículo 384 del Código Penal, con  independencia del tiempo que hubiera |transcurrido desde que se produjo la pérdida de vigencia de la autorización y de la realización o no del curso de sensibilización y reeducación vial.

En el segundo, cuando la pérdida de vigencia del permiso o licencia se ha producido en aplicación del artículo 47 del Código Penal, como consecuencia de la imposición de una pena de privación del derecho a conducir por un tiempo superior a dos años, si se conduce sin haber cumplido la pena impuesta, se estará produciendo un quebrantamiento de condena. Si se conduce una vez cumplida la condena, pero antes de haber obtenido de nuevo la autorización administrativa para conducir, se infringe el artículo 1.1 del Reglamento General de Conductores (en la RCI; CON/001/1/5A/../ 500 euros), lo que constituye infracción muy grave, de acuerdo con lo previsto en el artículo 65.5k) de la Ley de Seguridad Vial. La infracción también en este caso se produce con independencia de que se hubiera realizado o no el curso de sensibilización y reeducación vial.

24/3/11

21 NUEVAS MOTOCICLETAS ELÉCTRICAS PARA LA POLICÍA LOCAL


Un total de 21 nuevas motocicletas eléctricas se han sumado esta mañana al parque móvil de la Policía Local de Algeciras. La teniente de alcalde delegada de Protección Ciudadana, Cristina Garrido, ha sido la encargada de presentar las nuevas unidades, que forman parte de una operación de renting con la firma ING Car Lease, representada en el acto entre otros por el gerente de Administraciones Públicas y Canales Externos, Juan Felipe Ramos, y que incluye además 29 automóviles, que se incorporarán al servicio en fecha próxima. El presupuesto total asciende a 1.206.400 euros.

Durante la presentación, Cristina Garrido ha señalado que además de su apuesta por la sostenibilidad, que sitúa a Algeciras a la altura de ciudades como Madrid, Santander, Londres o Nueva York y la convierte en pionera en la comunidad autónoma andaluza, las nuevas dotaciones incrementarán la eficacia policial en determinadas actuaciones por ser especialmente silenciosas y autónomas en su funcionamiento. El Intendente Mayor de la Policía Local, Ángel Gutiérrez, ha abundado en que cada una estará adscrita a un agente e integra adelantos como la marcha atrás, la dotación de un extintor de entre 6 y 8 kilogramos, un cofre de carga de 42 litros, linterna autónoma y sistemas de control electrónico digital y de diagnóstico. La velocidad máxima es de 110 km/h y es de rápida aceleración. El cargador de a bordo dispone de un enchufe estándar para la recarga rápida de las baterías. Gutiérrez ha concretado que entrarán en funcionamiento el próximo lunes, adscritas a las secciones de Policía de Barrio y Tráfico.

Pertenecientes a la marca Vectrix y dotadas del equipamiento policial necesario para la prestación del servicio, las motocicletas tienen una autonomía de 100 kilómetros por recarga completa, que tiene un coste de apenas 40 céntimos de euro, lo que conlleva ahorro energético y económico. La teniente de alcalde delegada de Protección Ciudadana ha añadido a este respecto la importancia de conseguir el nivel cero de emisiones contaminantes, lo que demuestra el compromiso del equipo de gobierno por la preservación del medio ambiente y la calidad de vida en la ciudad.

Cristina Garrido ha destacado además que la nueva adquisición es un paso más en el objetivo del equipo de gobierno de dotar a la Policía Local de más efectivos y mejores medios técnicos para garantizar el mejor servicio a la ciudadanía.

Por su parte, Juan Felipe Ramos ha recordado que ING Car Lease está especializada en soluciones para la gestión de flotas y que obtuvo la adjudicación en el oportuno concurso público convocado por el Ayuntamiento. La empresa, ha añadido, garantiza el óptimo funcionamiento de las unidades durante toda la vida útil de las mismas.

16/3/11

DIÁLOGOS CON EL CAIMÁN

Para todos aquellos que empiezan; para los que se preguntan sobre cómo serán o cómo eran. Para los que simplemente tienen la curiosidad de saberlo. Ahí va un relato que tratará de explicarlo, contiene muchas vivencias reales de compañeros, pero cuyo parecido con la realidad es mera coincidencia. También es cierto y hay que tener presente que los tiempos cambian y los hombres viven el tiempo que les toca vivir y que esto era en los albores de los noventa.
(HUMBERTO)
DIÁLOGOS CON EL CAIMÁN

Cuando aquel joven de prácticas llegó a aquel perdido distrito de Madrid, le pusieron, en su primer día, a patrullar con un “veterano” de dos meses de antigüedad efectiva.

En aquel ciclo: mañana, tarde y noche, movidos ambos por la vocación y por sus espíritus jóvenes e inquietos, pasaron 32 filiados y otras tantas matrículas, patrullaron incansables por aquellas largas calles metiéndole al destartalado BX un centenar y medio de Kilómetros más, y fueron con los pirulos puestos a casi todas las llamadas a las que acudieron. Aquel joven de prácticas no tuvo, en aquella ocasión, su primer detenido pero aprendió, según le dijo su veterano, que se debía patrullar entre 9:00 y las 10:00 horas de la mañana insistentemente por las calles con comercios pues es cuando abren y cuando pueden ser atracadas. En general se sentía a gusto con aquel compañero pese a que en una riña domiciliaria les habían ninguneado un poco.

Cuando terminaban y salían del servicio de noche, el viejo guardia que estaba de operador de sala, se acercó a ellos y les echó la bronca:

-¿Os habéis pensado que vosotros estáis aquí para pasar a todos los madrileños y sus coches y que yo estoy aquí sólo para daros gusto o qué? “Otro caimanorro”- pensaron- y se fueron a dormir sin más.

Al volver al siguiente turno, la fortuna ya no sonreía al de prácticas: le habían puesto de compañero a un caimán.

-¿Tienes ganas de trabajar hoy como el otro día con fulano “el nuevo”? -Le preguntó aquel gigantón de cincuenta y tantos años, con una voz que hacía que temblara la estancia y cuyo eco se propagaba por los pasillos de Comisaría.

-Pues sí, tengo ganas… para eso nos pagan ¿no?

-¡Pues siéntate ahí hasta que se te pasen! -Le dijo mientras el resto de veteranos del grupo, incluido el jefe de turno, le reían la gracia. Cosa que a él, lógicamente, no le hizo ni pizca.

Ya en el vehículo, unos minutos después, le volvió a preguntar: ¿sabes lo primero que hay que hacer por las mañanas?

-Sí, supongo que patrullar los comercios para evitar robos.-contestó como creyéndose poseedor de una verdad inmutable.

-Pues no, eso es algo que te habrá dicho ese ‘puto nuevo’ que acaba de salir del cascarón, pero no es eso, lo primero es desayunar. Porque si ‘el guardia’ no desayuna no rinde bien.

Tras el desayuno, a eso de las 9:30 horas, aquel barbudo con mirada de león fiero, sin decir ni oste ni moste, le llevó a los límites del Distrito que eran las afueras de la ciudad, donde el paisaje de los comercios, los edificios y el asfalto se cambiaba, en rápida transición, por el de los arrabales, las chabolas y los senderos; donde se acaba todo para los ciudadanos pero empieza el inframundo para los policías y los delincuentes. Le señaló un coche aparcado junto a otros y le dijo: “ése está robado”. Efectivamente así era. Recuperó su primer vehículo sustraído esa mañana. Le explicó –con tono irónico- que los ‘choros’ no son madrugadores y que los coches que roban en la noche los abandonan, al amanecer, en sitios como aquel, donde tardarían mucho en ser descubiertos porque los policías “nuevos” se dedican a pasearse por las calles dejando esto para los guardias viejos. Por las mañanas temprano –le dijo- apunta: buscar coches sustraídos.

Luego tras terminar de hacer el papeleo en Comisaría, le dio un par de vueltas por su sector y en un momento dado le dijo que “ya estaba bien de hacer kilómetros” y le llevó “a hacer gestiones” que al joven le sonaron a “escaqueo feroz”. Paró el vehículo y se fue andando a varios Bancos, en alguno de los cuales tenía cuenta y donde aprovechó para hacer unos pagos. En otros simplemente se dedicaba a hablar con los empleados, todos parecían conocerle y agradecer la visita, aparte de banalidades le hablaron sobre varios sujetos que habían tratado de cobrar cheques falsos y sobre un par de sudamericanos que les parecían “cogoteros”.

Al joven de prácticas no le gustaba nada que el zeta estuviese parado, le parecía que al no circular se estaba perdiendo algo en la gran ciudad, lo suyo era ir a toda velocidad, creía que patrullando por muchos lugares a la vez, por probabilidad, se encontrarían con los servicios buenos. En su ingenuidad pensaba que no era de infantería sino de caballería.

El veterano siguió a lo suyo y hacía con el joven como si este no existiese: detenía el vehículo y se bajaba a hablar con la floristera, con la tendera, y con el charcutero, y se ponía a hablar con ellos de fútbol o de lo que fuera, sin mirar para él. Al final de cada conversación siempre le advertían de algún ‘pájaro’ al que habían visto merodeando, y al joven siempre le parecía una excusa para salvar el hecho de haber estado perdiendo el tiempo. Su aversión contra el espíritu de aquel hombre le sostenía en su lucha secreta; lucha profunda que llega a dar cierta serenidad estúpida al que la siente, y una seguridad entre épica y altiva al que la padece.

Luego, como para fastidiar y no contento con esto, paraba el vehículo para hablar con los jardineros, los barrenderos y todos los operarios municipales, que se encontraba en el camino.

-¡El tío éste, gañán, no hace otra cosa que hablar con todo Dios! -pensaba-.

Uno de estos, un barrendero, le entregó una cartera que alguien había perdido. Hicieron una minuta.

Cuando ya eran la 13.00 horas, le preguntó: ¿qué has aprendido hoy?

-Pues… como no sea teoría y práctica de la plática.

-¡No coño, no! ¡Hemos sembrado para el día de mañana recoger! Esa gente son tus ojos cuando tú no estás. Te han visto de cerca y no desde un vehículo, te conocen por tu nombre y no por tu número. Te avisarán un día de algo y, entretanto, te ponen al día de todo lo que se mueve y menea por aquí. Desde el zeta no te ven, y así además piensan que te preocupas por ellos. Se recogen cosillas que luego te pueden servir. Hala págate una caña, pringao. Y el joven pagó su primera ronda: de caña y de zumo.

Al salir, cuando les llegó el relevo, el de la sala, que era amigo de este, se les acercó y les dijo:

-Le estás enseñando bien ¡así da gusto! Una placa un recuperado; no como el otro día, vaya cantamañanas: pasasteis hasta la placa de un vehículo camuflado.

Al día siguiente, en el servicio de tarde, el veterano le seguía cayendo antipático al joven de prácticas. Al pasar frente a unos chavales que estaban sentados en un banco, se armó de valor y le preguntó si no pasaba filiados.

-¡Para qué y por qué!

-¿Cómo que para qué? para ver si están en Búsqueda y por pillar algún malo.

-En este Distrito a los que están en Búsqueda ya los pillará la secreta. Yo no identifico a nadie sino tengo un motivo, y el que vayan por la calle sin más o tengan malas pintas no lo es. Aquí a los que buscan tienen buena pinta, porque aquí hay mucho choro de guante blanco. No se puede ir por ahí pidiendo los ‘carneses’ como el que pide tabaco. Otra cosa es que hubieran estado fumando porros o bebiendo litronas, pero no es el caso. Una mala intervención da problemas casi siempre. Una intervención que no se hace, casi nunca -sentenció-.

La tarde se fue pasando, pues, sin filiados. Parando en alguna taberna que otra para hablar de lo suyo, de alguna batallita, y de algún malo que el tabernero había visto merodeando; mientras uno se tomaba una cerveza siempre y el otro, invariable, un Biosolan Multifrutas. La emisora (que los coordina) sacó al joven de sus malos pensamientos para con la salud de su compañero. Acudieron a una riña en un domicilio. Los gritos de la discusión se oían desde el portal. Llamaron a la puerta y nada más abrir el matrimonio de treintañeros se quedó como mudo al ver el aspecto del veterano, que más parecía que venía a matarles a ambos que a mediar en un conflicto.

-Buenas tardes o malas, depende ¿no? -dijo con aquella voz autoritaria que tenía, clavando su fieros ojos en los de ambos.

-¡Coño qué manera de entrarles! –Pensó el joven- cuando el ambiente hostil aún se podía cortar con cuchillo, aunque también veía que lo que sí se había cortado era el escándalo, y de cuajo.

Pasaron dentro del piso y le dijo a ella que hablara. Ella contó su versión y cuando le llegó el turno a él, el veterano preguntó: ¿eso que huelo es café?

-Pues sí, ¿quiere una taza?

-Sí, gracias. Yo a estas horas mataría por un buen café. Ande tráigame uno si es tan amable, mujer.

La señora, un poco chocada, se fue y mientras, en su ausencia, el marido, que era un poco meapilas, les contó su versión. Justo lo contrario de la de su parienta, claro. Para cuando volvió la señora con la taza, el veterano ya tenía convencido a aquel tipo de qué era lo mejor, y de que debía hacer las paces y seguir con la vida, ya que para cuatro días que estaba uno… Se tomó el café en tanto que la pareja aquella de mojigatos se terminó de reconciliar. Cuando se marchaba por la puerta, se volvió y les dijo:

-Dentro de un par de días vuelvo por aquí a veros. Si no hay problemas me hacéis un café, y si los hay… pues también. Y se fue dejando tanta paz como ira había al entrar.

El joven de prácticas alucinaba en colores, aún no entendía cómo aquel gañán barbudo sin conocimientos de psicología, sin formación y sin apenas vocabulario se había hecho con la situación, pero le encantó la forma en que dominó la situación, muy diferente a la otra en que los había ninguneado. Ya fuera, de regreso en el coche, le dijo:

-Recuerda: cuando haya una riña o una reyerta separa las partes siempre, con la excusa que sea, pero tenlos separados, así te será más fácil hablar e imponerte.

El veterano cuando se juntaba con otros como él hablaban de los viejos tiempos, del compañerismo, del 24×24, de circunscripciones y de banderas (la doce y la once), de Radiopatrullas e Inspecciones de Guardia, y de cabos y sargentos; en tanto que él sólo hablaba de vocación, de los cinco turnos, de Bases y Brigadas y Unidades, y de la ODAC y el SAC, de oficiales y de subinspectores. Eran dos mundos y dos generaciones separados por un alto muro de incomprensión mutua.

Al tercer día, la noche se le hizo muy larga con aquel aldeano con el que apenas si tenía cosas de las que hablar y con el que, quedaba claro, no hablaba el mismo idioma ni había conexión posible. El veterano le llevó a varios sitios donde había “mujeres solitarias que fuman”. Charlaba con ellas y ellas con él, sin ningún pudor, como si sus dos profesiones perteneciesen a la misma esfera social y marginal. Era una idea, la de mezclarse promiscuamente con cierta gente residual, que le martirizaba tanto como la de llegar a contratar, de servicio, sus “servicios”. Pero no pasó nada de eso. De nuevo le contaron, al final, como para justificar tanta parla, de algún ave nocturna de las de mal agüero al que veían planear por entre las sombras de aquellas calles, de vez en cuando. Al joven, una de las más jóvenes y también de las más guapas de entre aquellas trabajadoras autónomas del amor, le guiñó el ojo cuando se iban. Él pensó en devolverle el guiño pero no se atrevió. Sintió, no obstante, algo raro, algo que empezaba a cambiar en su interior.

-Hijo, la morena te ha mirado ¡Ay, si yo tuviera tú edad y treinta kilos menos! Si quieres que te respeten habla con ellas, pero no mezcles trabajo con placer. Eso como filiar a lo tonto: casi nunca sale bien.

En algún bar de los que es necesario tener mucha sed para verte en la necesidad de entrar, el veterano llevó al novato y tomaron lo de costumbre. Allí, entre tanto personaje noctámbulo y tanto humo flotando en el ambiente, se apareció el jefe de servicio. El joven se puso más tieso que una vela. Pero observó, con alivio, que aquel hombre no venía pedir cuentas sino a charlar un poco. Encima se hablaba con el veterano como si de dos antiguos camaradas se tratase. Pidió una cañita, se la bebió y, cuando ya se iba, les recordó que estuviesen pendientes de un par de coches que se habían dado en la fuga, no nos fueran a hacer un “alunizaje” y otro par de ellos que habían sido sustraídos.

-Bien –pensó el joven ilusionado- algo de acción por fin.

Pero no, hacía el ecuador de aquella noche, cuando cesó el ajetreo y la actividad disminuyó gradualmente hasta hacerse el silencio, y la emisora se quedó callada, el veterano detuvo el coche en un lugar apartado, donde reinaban las sombras de la noche, y se echó a dormir.

El joven se puso a pensar en todo lo que había anhelado que llegase ese momento: el de estar subido a un zeta por fin, en su vocación, en lo que se había esforzado en la oposición, lo estudiado en las clases de Ávila, todo lo sufrido hasta salir de la Academia. Y ahora estaba en uno de esos momentos, tan temidos por él como anunciados por todos, y se vio y sintió ridículo. Por pensar pensó en el otro veterano, “el nuevo”, en su espíritu y animosidad…y le echó de menos.

La emisora rompió su silencio y el soliloquio interior del joven. Se estaba produciendo un alunizaje en una calle céntrica, muy próxima a su punto. Despertó al caimán, éste arrancó y salieron zumbando. Llegaron a tiempo de detener a uno de los dos individuos que se encontraban junto al escaparate fracturado de una tienda de ropa: El joven creyó estar viviendo en una película. Era su primer detenido. Se fijó que el viejo, sin embargo, actuó como si fuera algo normal, de toda la vida, algo a lo que parecía estar muy acostumbrado, dando la descripción y la situación del compinche que se iba por pies del lugar: al que detuvieron tres calles más allá.

Los rayos de sol que se filtraban por las rendijas de la ventana de la Inspección de Guardia anunciaban que llegaba el día y se acababa, por fin, el servicio.

Luego vendrían más días de servicio y más detenidos, y más compañeros. Y el joven de prácticas supo, mucho tiempo después de aquel día, que aquel veterano barbudo y gañán era un policía dos veces condecorado con La Blanca porque había sido herido en un atentado y había tenido muchos enfrentamientos armados con atracadores de bancos en los setenta, cuando era joven, aunque él decía que se la habían dado por idiota e inconsciente; que se pasaba todo su tiempo libre velando, como un esclavo, a un hijo pequeño que tenía con leucemia en el hospital. Motivo por el cual, en ocasiones, tenía falta de sueño. Para entonces ya no le caía tan antipático; para entonces empezó a comprender muchas cosas que antes no, como que es posible quedarse traspuesto si tienes razones, aunque no las digas por orgullo, y a entender que, libre de prejuicios, otras tantas cambiarían en adelante su forma de pensar. A partir de entonces aceptaría los guiños que le iba ofreciendo el azar, a tomarle el pulso a la ciudad y a escuchar lo que decían sus gentes. Para entonces se podría decir que empezó a admirarlo y que se le fue desprendiendo algo de la ingenuidad que traía adherida en los laterales de la pequeña maleta de viaje con la que iniciaba el recorrido de su vida. Y poco a poco, con los años, se quitó la coraza de impasibilidad por donde habían estado resbalando todas las lecciones que le habían ido enseñando aquel, y otros caimanes que vendrían después.
 
¿Dónde están que no se les ve? ¿Ya no quedan de aquellos caimanes?

(HUMBERTO) 
(Del correo electrónico)
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